Estos tiempos de Pos-modernidad y de nuevas culturas dònde el hombre y la razón ya no son centrales, es todo un caso; La política y el estado también pierden centralidad, el centro es la persona, no es lo mismo aunque parezca, a hombre o mujer, ahora es uno mismo sin el otro, sin la otra. La razón se ha cambiado por el deseo, que además, es constante.
Así la maravilla de la política se cambia por la gestión, término marketinero, el que gestiona es un gerente que responde a alguien. ¿A quién obedece la política? El estado se aleja y cambia por el mercado que genera constantemente desigualdad. Ya no somos ciudadanos, ahora somos consumidores, clientes y así somos tratados. Ya no importa la ética de los ciudadanos o los trabajadores.
Al no haber espacios para profundizar las verdades, surgen estos salvadores neoliberales y mentirosos. Jueces/sas que caen en el barro creyendose intocables. Políticos que creyendose que si pueden, nos mienten, hasta que de pronto, por propias miserabilidades (gracias a Dios) se «deschaban» entre ellos, finalmente nos preguntamos ¿Cómo Arietto, Milman, Bullrich fueron responsables de la seguridad de nuestro país? ¿Cómo Pepín, con ese nombre simpático, fue tan siniesto?
Nos han querido explicar cosas sin sentido, en un tiempo dónde todo es imagen sin profundidad, han querido transformarnos en hiper-consumidores sin ética, en un «Estado-Mercado» sin ciudadanos. Por eso Cristina Fernández de Kirchner nos habla de un estado paralelo, sin justicia, con un poder judicial fuerte y sórdido.
Por eso nosotras/os tenemos la obligación de reaccionar ante todos estos hechos y exigir más ciudadanía, más derechos, menos mentiras. Enfrentar los conflictos de la política, no tener miedo a las discusiones porque eso es más democracia para todas y todos. Queda demostrado por ellas/os mismas/os todos los morales, repúblicanos y salvadores de la Patria que aparecieron en el 2015 que fueron y son una mentira.


