A pocos días del cambio de era política, «La era Milei» algunas cuestiones nos llaman la atención, justamente por no ser tan drásticas cómo se anunciaban. Banco Central sigue, Caputo deuda, ayuda a los caídos, en el CONICET continuidad… Pero de pronto, aparecen papeles, documentos, cómo los de la financiera de la flia Marra, y primera devaluación… segunda devaluación…
Ahí, nos viene a la mente el cuento de la ranita: «Una ranita entra a una olla de agua hirviendo, inmediatamente salta de la misma salvando su vida, pero, otra ranita entra en una olla de agua fría, lentamente la olla se va calentando y la ranita se va acostumbrando a la nueva temperatura, sin darse cuenta se cocina y muere.
No sea cosa que nos acostumbremos a los discursos de este nuevo tiempo, dónde la idea de tu propio esfuerzo es lo único que vale, dónde la empatía por el otro no sirve, y si le pisas la cabeza a tu compañero mejor. ¿Quién debe cambiar, cómo debemos cambiar? ¿Y cuánto tiene que doler el cambio?
Es fácil para el que mira desde afuera y no siente lo que se siente al verse discriminado/a. El lenguaje de algunos dirigentes crea acciones, malas acciones contra los más vulnerables, es hora para que esos dirigentes regulen sus pasiones por el bien del conjunto, antes de que esas palabras se vuelvan en su propia contra.
Compartimos humanidad en esa época dónde la Patria era el otro, nosotros/as hemos permitido que ese concepto sagrado se perdiera y algunos de nuestros dirigentes todavía no han hecho autocrítica (empezando por Alberto). Hoy la consigna es el dólar, «la gente de bien» y otras yerbas, parece que nos creemos todo… Pero tenemos una corteza dura, y no nos cocinaremos cómo la ranita, al menos no en el primer hervor.


