Tiempo de peleas constantes e inútiles, tiempo de ira, tiempo de tristes pasiones como diría Francois Dubet, tiempos de desigualdad: La gente sufre por los beneficios que pueda tener el otro o la otra, no importa cuanto pueda estar bien, lo importante es que el/la otro/a este mal.
Ese sentimiento mezquino nos trajo hasta aquí. Eso hizó que un 55 % de ciudadanos preocupados por los subsidios de los/as otros/as votarán para llegar a estos tiempos, sin darse cuenta que ellos/as eran parte de este todo y que de una u otra manera, también eran pobres.
Hubo un tiempo de clases sociales, o más bien de movilidad social, para adelante, o mejor aún, conciencia de clase. Hoy la movilidad es para atrás. La precariedad, el desempleo a dejado a los pobres sin clase social, la clase media paso a pobre y así… Y con el verso de la meritocracia nos han empobrecido a todas/os.
Con el cuento de la meritocracia nos han avasallado. No existe esta última sin igualdad. De ser así, jamás señoras como la Canciller Mondino, o señores como el vocero Adorni llegarían a puestos de mando, brutos/as de este calibre no existirían en un mundo justo donde la capacidad sería un requisito y el buen ser humano imprescindible.
Vivimos, lamentablemente, tiempos de resentimiento, de ira, de desigualdad, sin reflexión, tiempos de desahogo inmediato frente a una pantalla, tiempos de falta de respeto al otro/a ser humano, muy difícil para educar a niños niñas que ven al propio Presidente insultando y perdiendo la compostura en todo momento: Tiempos de pasiones tristes con gente triste y un gobierno que entristece.


